¿A qué me refiero con responsabilidad?

 

 

Victor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco que sobrevivió al holocausto dijo:

«Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio, en ese espacio se encuentra nuestro PODER para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta está nuestro CRECIMIENTO y nuestra LIBERTAD»

Independientemente de las cartas que te haya tocado jugar en esta partida, eres responsable de jugarlas bien y también de cambiar de cartas (hacer algún cambio vital importante) cuando consideres. En cualquier caso, tú estás al mando. No eres responsable de tus circunstancias pero sí eres responsable ANTE tus circunstancias.

Cuando hablo de responsabilidad del líder me refiero a la habilidad de elegir nuestras respuestas.

Siempre tenemos la última elección ante cada situación, puedes elegir como te preparas, cómo respondes y cómo aprendes ante los desafíos que se te presentan.

No es lo mismo elegir una respuesta que elegir un resultado. No hay ninguna garantía de que tus acciones produzcan los resultados que buscas, de lo único de lo que puedes tener garantía es de que PUEDES responder a cada circunstancia de forma consecuente a tus objetivos y a tus valores. Esto es muy importante porque te da una sensación de estar al mando y eso se transmite: inspiras confianza y autoridad, la autoridad del que siente: “mis actos dependen de mi”

Responsabilidad no es culpabilidad. Puede que no hayas contribuido a generar los problemas que se te han presentado pero, créeme, si tú eres el principal afectado más vale que lo conviertas en tu problema cuanto antes. Esperar a que los que crearon el problema que te afecta lo resuelvan porque sería lo más justo no parece un buen plan ¿no crees?

Así, la autoestima del líder se alimenta a base de trabajar lo mejor que puede, de enfocarse en su área de influencia y sus explicaciones se centran en él mismo porque son capaces de ver su influencia mayor o menor, directa o indirecta en el problema.

Cuando las cosas van mal hay dos arquetipos diferentes de líderes:

  • El quejica: es tentador protegerte culpando a los demás, pero eso no te deja ver qué causó el problema y cómo podríamos solucionarlo y prevenir futuros problemas. El líder responsable no cría quejicas: no alimenta su victimismo, tampoco los critica. Con una actitud de aceptación y con compasión invita a su equipo a que tomen poder y responsabilidad sobre su contribución al problema.
  • El responsable: que es capaz de desprenderse de sus respuestas automáticas (infantiles, que todos tenemos de serie en mayor o menor medida cuando nos sentimos vulnerables) y puede desconectar el piloto automático para pilotar el avión manualmente. Para eso hace falta ser una persona trabajada, evolucionada y consciente.

A un nivel más profundo la responsabilidad es una expresión de nuestra consciencia, los líderes conscientes evocan con sus actos el espíritu de responsabilidad en cada uno de sus colaboradores y, al final, en toda la organización. Cuando empecé esta saga de publicaciones sobre liderazgo te contaba que mi foco de interés era esa evolución personal, esa consciencia que es necesaria para ser un buen líder. Aquí no encontrarás palabras corporativas rimbombantes, solo reflexiones para que evolucionemos como personas y, por lo tanto, para que seamos mejores líderes.

Por último, una reflexión:
La forma en que nos comportamos hacia los demás es un reflejo de cómo nos comportamos con nosotros mismos. Podemos empezar haciéndonos estas preguntas:

¿Te haces responsable de tu propia vida? ¿Hay equilibrio en los diferentes roles de tu vida? ¿Hay algún aspecto de tu vida que necesites cambiar? ¿Cuidas tu cuerpo con comida sana, sueño reparador y ejercicio? ¿Respetas a tu mente con pausas y momentos de silencio?

Nadie puede cuidarte por ti, evolucionar por ti, vivir tu vida por ti. Tú estás al mando.

 


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