Los pensamientos tóxicos en las conversaciones difíciles

Los pensamientos tóxicos en las conversaciones difíciles

¿Te has sentido enfadado en una conversación difícil? ¿Has juzgado a la persona con insultos dentro de ti?

¡Bienvenido al club de los humanos!

En las conversaciones difíciles recibimos información negativa sobre nosotros y eso nos pone en modo amenaza. A partir de ahí es difícil no caer en el pensamiento dual en el que las cosas son o buenas o malas, las personas competentes o incompetentes y las situaciones justas o injustas: no hay término medio.
Mi pregunta es: ¿qué haces con esos pensamientos tóxicos? ¿sueles expresarlos o sueles callarte? y ¿cuál crees que es la mejor opción?

Lo cierto es que es un callejón sin salida: si lo expresas mal y si te lo tragas, también mal. ¿Hay alguna otra opción?

Desde mi punto de vista hay que salir de ese callejón sin salida para ver todas las opciones que, verdaderamente existen.

Y esto es lo que te propongo en este vídeo, tres pasos para:

1- Tomar consciencia de que tienes pensamientos tóxicos

2- Aceptar a esa parte de ti que los tiene

3- Hacerte responsable de ellos, empezando por trabajar tu estado. Hasta que no vuelvas a conectar contigo mism@ y con el otro no aparecerán nuevas opciones. En cambio, cuando reconectas puedes empezar a hacerte preguntas interesantes como: ¿hasta qué punto estoy contribuyendo al problema? ¿cómo puedo invitarle a que me cuente su verdad? y ¿cómo puedo contarle la mía?

Se que lo que propongo no es fácil, pero es el camino de la libertad para elegir en cada momento lo que realmente decides conscientemente y salir de nuestras rutinas defensivas.

Cuanto más lo ponemos en práctica más habilidosos nos vamos volviendo.
¡Animo con tus respuestas en las conversaciones dificiles!

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Conversaciones difíciles

Conversaciones difíciles

 

"En las conversaciones difíciles es cuando un líder...se la juega"

¿Qué pasa en las conversaciones difíciles? Conforme aumenta la tensión es fácil perder la presencia y la conexión, nos sentimos amenazados y entramos en "modo juicio" con pensamientos sobre el otro que no son precisamente...amables.

En este punto las conversaciones suelen divergir: por un lado, lo que decimos y, por otro. lo que pensamos y sentimos. Digo que divergen porque solemos poner un filtro a nuestras opiniones y sentimientos para no empeorar las cosas. Sin embargo, esos pensamientos de una forma u otra trascienden.
¿Por qué tendemos a tener esos pensamientos negativos sobre el otro cuando discrepamos?

En mi opinión, por dos motivos:

El primero es la propia desconexión que nos lleva a identificarnos con nuestras opiniones y, claro, cuando son retadas nos sentimos amenazados: si no piensan como nosotros es que nos atacan a nuestra identidad. En un estado de conexión y presencia somos capaces de separarnos de nuestros pensamientos y de sentir curiosidad por las opiniones diferentes a las nuestras, podemos conectar con nuestra humildad y darnos cuenta de que la visión del otro puede completar la nuestra.

En segundo lugar, solemos atribuir intenciones a las acciones de los demás. Lo hacemos de forma automática, ni siquiera nos damos cuenta. Si alguien nos ha dañado asumimos que tenía mala intención. En un estado de conexión podemos preguntar con curiosidad e inocencia ¿cuál era tu intención al hacer esto?

De la misma forma, cuando somos nosotros los que dañamos a los demás, creemos que los demás pueden saber que no fue con mala intención. Cuando nos adjudican mala intención nos sentimos atacados y dedicamos todos nuestros esfuerzos a demostrar que no era nuestra intención perjudicarles. Sin embargo, eso no hace más que contribuir a la escalada de tensión.

Y aquí va un truco comunicativo: hasta que no reconozcas que le has dañado, entiendas cómo se siente y te disculpes no tendrás luz verde para explicar cuál era tu intención.  Las personas necesitan que se reconozcan y validen sus sentimientos, una vez lo haces te abren las puertas de su mente.

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La integridad: el secreto de la felicidad

La integridad: el secreto de la felicidad

¿Por qué es importante la integridad en el líder?
Porque es la clave del éxito y el secreto de la felicidad.

Entiendo que hay dos tipos de éxito: el ordinario (obtener resultados) y el ÉXITO con mayúsculas (la alineación entre tus acciones y tus valores)
El éxito ordinario suele vivir en el futuro y depende de factores internos y externos (menos controlables)
El ÉXITO que está más allá del éxito es inmediato y depende solo de ti.

Un comportamiento íntegro garantiza ambos éxitos si lo miramos a largo plazo. Sí, también garantiza el éxito ordinario porque en el mundo de los negocios la confianza es clave: si no generas confianza con tus acciones estás muerto.
Además, la integridad es el secreto de la felicidad porque, seamos claros: vas a perderlo todo. Tus logros, lo que tienes, tu vida y la de tus seres queridos ¡todo!. Por eso, vivir más allá de las gratificaciones inmediatas, despegado de necesidades y deseos poco significativos y entregarnos a un propósito trascendente nos permite superar el sufrimiento de saber que nuestra existencia es limitada.

La integridad nos permite construir nuestra dignidad y estar orgullosos de nosotros mismos.
Sócrates decía: "daña mucho menos sufrir injusticias que cometerlas, porque la verdadera tragedia personal es la corrupción del alma"

Así, en este vídeo te doy un consejo muy fácil para empezar a cultivar la consciencia y la disciplina que requiere la integridad. Solo necesitas diez minutos al día y, con el tiempo, te parecerán deliciosos.

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La integridad

La integridad

Cualquier empresa u organización que no respete las leyes, los valores corporativos y que sus líderes no "tengan palabra" tiene los días contados. Sin integridad solo se puede sobrevivir a corto plazo.

Los líderes están sometidos a la presión de cumplir los objetivos, lo que podría tentarles a tomar un atajo y esquivar las normas con tal de no fracasar en las cifras de su rendimiento.
Los que toman ese camino SIEMPRE se arrepienten, ya que el precio que pagan ellos y la empresa es inmensamente mayor que el beneficio del atajo. Además, nadie está a su lado ni le apoya cuando llegan los problemas por infringir valores o leyes, está solo.

Todos saben dónde está el líder y que hace, aunque sea mirando con el rabillo del ojo. Por eso, los líderes tienen la obligación de actuar de forma ejemplar, de exhibir una conducta íntegra. Lo que hace el líder cala profundamente en la conducta de todas las personas de la empresa.

Así, la integridad se muestra en cinco dimensiones, en todos los grupos de interés o stakeholders:

  • Los clientes: asesorándoles en vez de colocándoles productos o servicios.
  • Empleados: ofreciéndoles formación y promoción.
  • Proveedores: pagando en plazo y en forma.
  • Accionistas o propietarios: remunerándoles o incrementando el valor de sus acciones.
  • Sociedad: con sostenibilidad y contribución a la conservación del medio ambiente y de los grupos desfavorecidos

Si eres un líder: estás siendo observado. Esto puede ser un gran recurso para evitar la tentación de tomar atajos.

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Perlas de responsabilidad

Perlas de responsabilidad

Hoy traigo tres "perlas" sobre responsabilidad. ¿Qué podemos empezar a hacer ya para ser líderes responsables?
1- Actitud: ponerte en el lugar de una persona que ha contribuido de alguna manera a las circunstancias actuales, no porque esta historia sea más cierta que la que contaría un "quejica" sino porque te permite tener influencia en lo que pasará
2- Lenguaje: como consecuencia de la actitud responsable podemos empezar a hacer cambios en la forma en que nos expresamos, por ejemplo:
- "los objetivos eran demasiado difíciles" versus
- "no he llegado a cumplir los objetivos"
Este cambio no solo es consecuencia de una actitud responsable sino que, al mismo tiempo, la refuerza. El lenguaje que utilizamos nos influye.
3- Manejo de errores: un error es una oportunidad, información que nos dice qué no está funcionando bien. Igual que la fiebre es un síntoma que nos informa de que tenemos algún proceso activo, utilizamos ese síntoma para poder diagnosticar cuál es el proceso que lo causa.
En ese sentido: mi invitación es que te resistas a la tentación de correr a solucionar problemas, indaga qué los ha causado y así podrás no sólo solucionar ese problema sino también prevenir muchos otros posibles en el futuro.
Tras el análisis, el buen líder debe ser capaz de verbalizar con su equipo lo que no está funcionando, siempre con consideración para poder realizar los ajustes necesarios con el equipo. No hacerlo en aras de un buen ambiente es pan para hoy y hambre para mañana. Si no están desempeñando según lo esperado, ¿de verdad crees que no explicitarlo les va a hacer sentirse bien?
Hablando de información: también observar quién se responsabiliza de los errores habla del tipo de líderes que tienes a tu cargo: ¿actitud quejica o responsable?
Me encantaría leer tu opinión y experiencia sobre la responsabilidad

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Mis errores garrafales como líder

Mis errores garrafales como líder

He aprendido mucho más de los errores que de las lecciones de los sabios. Pensando en esto mientras preparaba este vídeo he recordado mi primera experiencia como jefa: era muy joven y mi negocio creció rápido así que pronto me encontré gestionando un equipo de personas sin que nadie me hubiera enseñado a hacerlo.
He seleccionado tres errores garrafales para compartirlos contigo:

1- Demasiada intimidad con mis colaboradores, eso dificultó que se aplicaran mis indicaciones cuando llegó el momento del feedback. Probablemente, la persona más incómoda era yo, en realidad, me gustaba mucho más pertenecer al grupo, ser una más. La soledad de la jefa me asustaba, así que retrasé demasiado el momento de evaluar el desempeño de mis colaboradoras/amigas. ¿El resultado? esa persona en concreto no reconoció mi autoridad y me desafió, lo cual me incomodó muchísimo más.

2- Demasiada poca supervisión. Creí que, con explicar bien las funciones que debían desempeñar, sería suficiente. Veía la supervisión como una intromisión, como un acto de desconfianza y lo evitaba. Esto me produjo varios problemas: no tenía la información de cómo se estaban desempeñando las diferentes tareas y, además, era desmotivador para mi equipo ver que no me interesaba por su día a día.

3- Escasa o nula gestión emocional. En mi inmadurez creía que no explotar cuando algo me enfadaba equivalía a gestionar mis emociones.
Por supuesto, mi enfado se comunicaba igualmente a través de mi lenguaje paraverbal (mis caras, el tono de mi voz, mis silencios...) y eso se transmitía y contagiaba rapidísimo. Al no expresar mi emoción (no con explosiones sino de forma considerada) y, al no utilizar la información de mi enfado para restablecer límites, verbalizar lo que se desviaba de lo esperado o explicar mejor cuales eran sus funciones, el clima se enrarecía y no se solucionaban ni prevenían futuros problemas.

He seleccionado estos tres fallos pero seguro que hice muchos más. A pesar del dolor que sufrí en algunos momentos difíciles estoy agradecida de lo que estos errores me enseñaron.
¿Quieres compartir y enseñarme con los tuyos?

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¿A qué me refiero con responsabilidad?

¿A qué me refiero con responsabilidad?

 

 

Victor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco que sobrevivió al holocausto dijo:

"Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio, en ese espacio se encuentra nuestro PODER para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta está nuestro CRECIMIENTO y nuestra LIBERTAD"

Independientemente de las cartas que te haya tocado jugar en esta partida, eres responsable de jugarlas bien y también de cambiar de cartas (hacer algún cambio vital importante) cuando consideres. En cualquier caso, tú estás al mando. No eres responsable de tus circunstancias pero sí eres responsable ANTE tus circunstancias.

Cuando hablo de responsabilidad del líder me refiero a la habilidad de elegir nuestras respuestas.

Siempre tenemos la última elección ante cada situación, puedes elegir como te preparas, cómo respondes y cómo aprendes ante los desafíos que se te presentan.

No es lo mismo elegir una respuesta que elegir un resultado. No hay ninguna garantía de que tus acciones produzcan los resultados que buscas, de lo único de lo que puedes tener garantía es de que PUEDES responder a cada circunstancia de forma consecuente a tus objetivos y a tus valores. Esto es muy importante porque te da una sensación de estar al mando y eso se transmite: inspiras confianza y autoridad, la autoridad del que siente: “mis actos dependen de mi”

Responsabilidad no es culpabilidad. Puede que no hayas contribuido a generar los problemas que se te han presentado pero, créeme, si tú eres el principal afectado más vale que lo conviertas en tu problema cuanto antes. Esperar a que los que crearon el problema que te afecta lo resuelvan porque sería lo más justo no parece un buen plan ¿no crees?

Así, la autoestima del líder se alimenta a base de trabajar lo mejor que puede, de enfocarse en su área de influencia y sus explicaciones se centran en él mismo porque son capaces de ver su influencia mayor o menor, directa o indirecta en el problema.

Cuando las cosas van mal hay dos arquetipos diferentes de líderes:

  • El quejica: es tentador protegerte culpando a los demás, pero eso no te deja ver qué causó el problema y cómo podríamos solucionarlo y prevenir futuros problemas. El líder responsable no cría quejicas: no alimenta su victimismo, tampoco los critica. Con una actitud de aceptación y con compasión invita a su equipo a que tomen poder y responsabilidad sobre su contribución al problema.
  • El responsable: que es capaz de desprenderse de sus respuestas automáticas (infantiles, que todos tenemos de serie en mayor o menor medida cuando nos sentimos vulnerables) y puede desconectar el piloto automático para pilotar el avión manualmente. Para eso hace falta ser una persona trabajada, evolucionada y consciente.

A un nivel más profundo la responsabilidad es una expresión de nuestra consciencia, los líderes conscientes evocan con sus actos el espíritu de responsabilidad en cada uno de sus colaboradores y, al final, en toda la organización. Cuando empecé esta saga de publicaciones sobre liderazgo te contaba que mi foco de interés era esa evolución personal, esa consciencia que es necesaria para ser un buen líder. Aquí no encontrarás palabras corporativas rimbombantes, solo reflexiones para que evolucionemos como personas y, por lo tanto, para que seamos mejores líderes.

Por último, una reflexión:
La forma en que nos comportamos hacia los demás es un reflejo de cómo nos comportamos con nosotros mismos. Podemos empezar haciéndonos estas preguntas:

¿Te haces responsable de tu propia vida? ¿Hay equilibrio en los diferentes roles de tu vida? ¿Hay algún aspecto de tu vida que necesites cambiar? ¿Cuidas tu cuerpo con comida sana, sueño reparador y ejercicio? ¿Respetas a tu mente con pausas y momentos de silencio?

Nadie puede cuidarte por ti, evolucionar por ti, vivir tu vida por ti. Tú estás al mando.

 


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La responsabilidad ¿Por qué?

La responsabilidad ¿Por qué?

Ser un líder responsable tiene una influencia tremenda en las organizaciones. Y no me refiero a ir cada día a trabajar puntual y pagar tus impuestos. Eso es muy importante, por supuesto. Me refiero a la profunda responsabilidad de saber que puedes elegir SIEMPRE tu respuesta a las circunstancias externas.

No eres una víctima de circunstancias que escapan a tu control. Quejarse de la crisis, de la pandemia, de la falta de colaboración de otros departamentos es improductivo y adictivo. El victimismo nos da satisfacción a corto plazo y nos quita la culpa de encima pero esta actitud también nos quita poder.
Si quieres ser parte de la solución también debes ser parte del problema.
Imagina cualquier situación problemática (no has conseguido los objetivos, un cliente enfadado o un empleado que no está desempeñando bien su función). Pregúntate: ¿de qué manera directa o indirecta he contribuido en este problema?

Este tipo de pensamiento te permitirá empezar a pensar en cómo ser parte de la solución, te ayudará a conversar con la persona de una forma más empática, con menos confrontación y te evitará volver a caer en la misma trampa de nuevo. Además, aceptando tu parte de responsabilidad en la conversación será mucho más fácil que la otra persona te quiera ayudar a resolverlo.

La respons-habilidad, es decir, la habilidad de elegir nuestra respuesta a cada una de nuestras circunstancias permite transformar los comportamientos defensivos en creativos y los sentimientos de resignación y resentimiento en entusiasmo y compromiso.

¿Cuáles son los beneficios de ser un líder profundamente responsable?
- Tener un equipo responsable (no un equipo de quejicas)
- Recuperar el poder de influir. (Si nada es culpa tuya tampoco podrás resolverlo)
- Inspirar y animar a tu equipo a que también tengan comportamientos responsables.
- Sentirte mejor contigo mismo, orgulloso de haber hecho todo lo posible, con la serena alegría de vivir con integridad.

 

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¿Cómo ser humilde en tres pasos?

¿Cómo ser humilde en tres pasos?

En las entradas anteriores hemos hablado acerca de la importancia de la humildad y me gustaría haberte convencido. Sin embargo, ¿cómo hacer para que mi equipo comparta una misma visión?

Te propongo aquí un método de tres pasos:

1- Actitud humilde

En efecto, si eres una persona educada, considerada, respetuosa SE NOTA.

Con detalles tontos como dejarles pasar primero, levantarte tú a buscar los botellines de agua, ir a sus despachos (en vez de recibirles siempre en el tuyo), acompañarles en los momentos importantes de sus vidas...

Otro detalle importante es no dar por hecho que sabes más que ellos. En muchas ocasiones, de hecho, comprobarás que dominan más ciertos temas específicos que tú.

Esta actitud humilde es compatible con ser exigente y demandar resultados brillantes.

Las personas no olvidarán cómo les hagas sentir, tanto si les hacer sentir bien como si les haces sentir mal.

2- Alcanzar consensos

Aquello que te venga dado de la organización (objetivos, estrategias) es importante que se entienda muy bien el porqué y tú eres el responsable de explicarlo.

Aquello en lo que hay margen de decisión: abrirlo a negociación y buscar un consenso es la mejor estrategia para el compromiso.

Cuanto más abiertas sean las conversaciones y más respeto muestres por las diferentes opiniones más probable es que quieran participar y que practiquen este tipo de liderazgo después con su equipo.

Un error común es bajar demasiado a la táctica, está bien ver cómo se implementa pero si te implicas demasiado en ella no dejas libertad de movimiento y espacio para la creatividad individual.

3- No te olvides de las emociones

Cuida las emociones de los miembros de tu equipo, reconoce sus logros de forma pública. Las medallas: siempre para ellos, no te las cuelgues tú.

Se considerado dando feedback de forma que puedan aprender pero que no quede dañada su motivación.

Identifica las emociones en juego, valídalas y utiliza la información que te proporcionan. ¿Qué necesidad no cubierta hay detrás de cada comportamiento?

Las personas somos seres emocionales y las emociones son componentes críticos de nuestro comportamiento. El buen líder tiene las emociones (propias y ajenas) bien presentes.

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Entrevista a Doña Arrogante y Doña Humilde

Entrevista a Doña Arrogante y Doña Humilde

¿Y si tú fueras un@ arrogante?

Puedo leer tus pensamientos: "¡Yo? ¡qué va! Fulanit@ sí que es arrogante y debería ver estos vídeos..

¿Conoces a algún@ arrogante que crea que es arrogante?

Para indagar un poco más en cómo es el mundo de un@ arrogante y de un@ humilde entrevisto en este vídeo a dos personajes ficticios, dos líderes con visiones del mundo diferentes: la una es rígida en sus planteamientos y toma decisiones sola. La otra es flexible y es consciente de sus limitaciones.

Lo más llamativo es que la arrogante se siente insegura porque no es capaz de distinguir entre su opinión y su identidad, por lo tanto, vive las discrepancias como un ataque a su identidad y a su autoestima.

La humilde, en cambio se siente afortunada por liderar su proyecto acompañada de personas competentes y colaboradoras.

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