Como quizás ya sepas, yo soy veterinaria, por lo tanto, acudo a los congresos de veterinarios.

Sin embargo, también he tenido la suerte de visitar congresos de cardiología de médicos.

Cuando acudí por primera vez al congreso de cardiología anual del Hospital Gregorio Marañón en Madrid me quedé con la boca abierta.

No solo por las técnicas avanzadas y la excelente calidad de los ponentes sino por el estilo comunicativo del evento.

Era distendido y, sobre todo, era divertido. No parecía preocuparles a los mejores cardiólogos del país aparecer disfrazados de superhéroes y reírse de ellos mismos. Fue un congreso divertido en el que aprendí muchísimo y en ningún momento tuve la sensación de que había falta de rigor o de profesionalidad.

Eso me hizo reflexionar mucho sobre lo en serio que nos tomamos nuestras intervenciones, lo nerviosos que nos ponemos y el poco sentido que tiene darnos ese «mal rato», como dicen en mi tierra.

Cuando usas el humor en tus presentaciones ocurren varias cosas:

  1. Eliminas el aburrimiento intrínseco a estar recibiendo información de forma pasiva
  2. Facilitas un cambio rápido de estado de humor que abre un espacio de nuevas posibilidades, en unos instantes y con muy pocas palabras consigues flexibilizar la perspectiva de tus interlocutores, algo que te llevaría mucho trabajo desde la razón.
  3. Abres un espacio de atención alterada que facilita que lo que estás explicando quede grabado en la memoria de las personas, precisamente, asociado a eso que les ha hecho reír.

El humor es, además, un excelente conector que abre las puertas de la mente de tus interlocutores. Por todo ello, creo que es importante que reconsideremos el hecho de que…¡no somos tan importantes como para no poder reírnos de nosotros mismos! Relajémonos, quitémonos importancia, disfrutemos en nuestras comunicaciones y nuestras audiencias disfrutarán con nosotros.

Gracias por leer estas reflexiones y por darte un tiempo para crecer como comunicador.

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