Te quiero convencer

Mi nueva dentista me preguntó si me ponía los alineadores para mantener los dientes en su sitio.
– “Sí, me los pongo todas las noches religiosamente”

– “¿Por las noches? prefiero que te lo pongas por las mañanas”

– “¡Ostras! ¡qué palo! ¿por qué?”

– “No me gusta por las noches, prefiero por las mañanas”

Así terminó un intento de argumentación en el que, como puedes imaginarte, mi nueva dentista no me convenció.
No aportó a su argumento todos los elementos que yo necesitaba para empezar a hacer lo que me pedía.
Seguramente, ella en su cabeza tenía muy claros los motivos por los que era mejor ponerse los alineadores por el día, tan claros los tenía, tan obvios eran para ella que pensó que para mí también lo era.
Pero no.

Yo no tengo ni idea de cuales eran esos motivos y, además, no me apetece hacer lo que me pide así que, no solo no le hice caso sino que hoy voy a otra dentista.

¿Tienes una opinión clara respecto a un tema y te pones nervioso cuando al explicarla no consigues mover a los demás hacia tu posición?

Es muy interesante (y no tiene efectos secundarios) aprender a defender nuestra posición de forma clara, lógica y convincente (y después observar con curiosidad qué efecto tiene eso en el otro, sin imposiciones)

Aprender a defender nuestras opiniones de forma efectiva es ARGUMENTAR

Y la forma más sencilla de elaborar un argumento es:

1- Definir claramente y en una frase corta lo que crees

2- Explicar por qué crees lo que crees

3- Aportar una evidencia, un pedacito de realidad que me demuestre que tu propuesta es realmente beneficiosa, cierta o apropiada.

Así de sencillo.
Y esto aplica también en casa ¿eh?

Ciertamente, la persuasión (el arte de convencer) empieza por una buena argumentación. Si no hay una lógica en las ideas que expones saltará alguna alarma que impedirá que adopten tu propuesta.
¿Es eso todo?

No, hay mucho más en el arte de persuasión, pero eso es otra historia para otro día.

 

Compartir