Variabilidad de la frecuencia del habla
Cuando alguien habla demasiado rápido en público, uno de los consejos que recibe con más frecuencia es: Tienes que hablar más lento. Y en ocasiones es necesario, pero hablar más lento no siempre es la solución.
Hay algo mucho más importante que la velocidad a la que hablas: la variabilidad.
¿Qué es la variabilidad?
Es ser capaz de acelerar, disminuir la velocidad o hacer una pausa en según de lo que estás diciendo y lo que quieres transmitir en quien te escucha.
¿Por qué no deberías hablar siempre a la misma velocidad?
Para que se entienda me gusta hacer una comparación con algo que conozco bien por mi formación como veterinaria: el funcionamiento del corazón. Cuando estamos sanos y nuestro sistema nervioso está en equilibrio el corazón no late con una frecuencia matemáticamente idéntica todo el tiempo.
Al inspirar la frecuencia cardíaca aumenta ligeramente, al espirar disminuye. Cuando estamos activos el corazón late más rápido que cuando estamos en reposo. Esta variación es normal, de hecho existe un parámetro denominado variabilidad de la frecuencia cardíaca, que estudia precisamente las variaciones en el tiempo entre latidos.
¿Y qué tiene esto que ver con la oratoria? Mucho.

Tu velocidad al hablar también debería variar
Cuando estamos muy nerviosos al hablar en público es frecuente que nos desconectemos de nuestro mensaje, en lugar de estar pendientes de lo que queremos transmitir empezamos a preocuparnos por nosotros mismos:
¿Qué estarán pensando de mí?
¿Me estaré explicando bien?
¿Se notarán mis nervios?
¿Me acordaré de todo lo que quiero decir?
Y entonces puede aparecer una velocidad prácticamente constante…
Todas las palabras parecen tener el mismo peso, las ideas se aparecen unas a otras sin apenas diferencias y nuestro discurso pierde la naturalidad. Por eso antes de limitarte a pensar que necesitas hablar más lento, date cuenta de algo diferente: ¿varía tu velocidad cuando hablas?
Hablar más lento para destacar lo importante
Cuando estamos más relajados y conectados con lo que queremos comunicar nuestra forma de hablar suele adquirir mayor variabilidad de manera natural. Tenemos información que podemos contar más rápido porque es secundaria o porque la audiencia ya tiene del contexto necesario.
En cambio cuando llegamos a una idea especialmente importante podemos hablar más lento, si queremos darle todavía más peso podemos hacer una pausa. La velocidad deja de ser algo automático y se convierte en una herramienta de comunicación.
No todas tus palabras son igual de importantes, no deberías pronunciarlas todas de la misma manera ni a la misma velocidad.

La variabilidad también habla de tu conexión
Variar la velocidad no es solamente una técnica para hacer más atractivo el discurso, también se usa para ser una consecuencia de algo mucho más profundo: estar realmente presente mientras comunicas.
Cuando dejas de estar tan pendiente de qué pensarán de ti y vuelves a poner la atención en el mensaje que de verdad quieres transmitir y en las personas que tienes delante, tu comunicación gana naturalidad.
A veces acelerarás, otras necesitarás hablar más lento y otras veces, lo mejor que podrás hacer será guardar silencio durante unos segundos.
Porque comunicar bien no consiste en encontrar una velocidad perfecta y mantenerla. Consiste en estar suficientemente conectada contigo misma, con tu mensaje y con tu audiencia para que tu voz acompañe realmente a lo que quieres decir.
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